¿Por qué me duele si las pruebas médicas salen bien?

¿Por qué me duele si las pruebas médicas salen bien?

Quizá te ha pasado: llevas tiempo con dolor y te han hecho pruebas. Una radiografía, una resonancia… Pero los resultados no parecen explicar lo que estás sintiendo.

Y entonces puede aparecer una pregunta difícil de responder:

Si las pruebas salen bien, ¿por qué me duele?

Cuando no encontramos una explicación clara, es comprensible pensar que algo grave está pasando o que quizá todavía no han encontrado qué ocurre.

Pero que una prueba no muestre una lesión que explique el dolor no significa que el dolor no sea real.

Cuando las pruebas no explican el dolor

Las pruebas médicas son herramientas muy importantes. Pueden ayudarnos a detectar lesiones, enfermedades o cambios en los tejidos que requieren atención.

Pero una prueba no mide directamente el dolor.

El dolor es una experiencia que produce nuestro sistema nervioso como parte de sus mecanismos de protección. Comprender el dolor persistente puede ayudar a entender por qué dolor y daño en los tejidos no siempre mantienen una relación directa.

Por eso, puede existir dolor sin que encontremos una lesión que lo explique completamente. La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor reconoce, además, el dolor nociplástico como una categoría de dolor relacionada con una alteración de la nocicepción, que puede aparecer cuando no existe evidencia clara de daño tisular o de una lesión que explique la experiencia dolorosa.

Esto no significa que todo dolor sin una lesión visible sea nociplástico. El dolor puede tener mecanismos diferentes y, en ocasiones, combinar varios de ellos.

El dolor es real aunque no aparezca en una prueba

Quizá una de las cosas más importantes sea esta:

Que no podamos ver el dolor en una prueba no significa que esté en tu cabeza.

El dolor es una experiencia real en la que pueden influir factores biológicos, psicológicos y sociales.

Nuestro sistema nervioso integra constantemente información procedente del cuerpo y del entorno con nuestras experiencias anteriores, lo que esperamos que ocurra, aquello a lo que prestamos atención y otros aspectos del contexto.

Por eso, dos personas con una lesión parecida pueden experimentar cantidades de dolor diferentes. Y también puede ocurrir que una persona siga sintiendo dolor cuando la lesión que lo desencadenó ya ha cicatrizado.

Esto puede resultar desconcertante, pero no lo hace menos real.

¿Qué puede estar ocurriendo?

Cuando el dolor se mantiene durante mucho tiempo, lo que a menudo se denomina dolor crónico, pueden producirse cambios en la forma en que el sistema nervioso procesa las señales relacionadas con el dolor y la protección. Actualmente se considera dolor crónico aquel que persiste o reaparece durante más de tres meses.

En algunas personas puede aparecer una mayor sensibilidad al movimiento, al tacto o a determinados estímulos. Algo que antes no resultaba doloroso puede empezar a serlo, o una pequeña molestia puede generar una respuesta mucho más intensa.

Pero el funcionamiento del sistema nervioso no es lo único que puede influir.

El miedo a que el dolor empeore, la preocupación por lo que pueda estar ocurriendo, la atención constante a las sensaciones corporales o el nivel de amenaza que percibimos también pueden formar parte de la experiencia del dolor.

Esto no significa que el dolor sea psicológico.

Significa que el dolor es una experiencia compleja en la que participan diferentes procesos.

Comprender el dolor puede cambiar cómo lo vivimos

Cuando no entendemos por qué nos duele algo, es fácil interpretar cada nueva sensación como una señal de que algo va mal. En el artículo anterior vimos cómo el dolor puede mantenerse en el tiempo incluso cuando ya no existe una lesión que explique por sí sola lo que estamos sintiendo.

Y cuando el dolor persiste, también es comprensible que empecemos a estar más pendientes de nuestro cuerpo y a protegernos de aquello que interpretamos como una posible amenaza.

Quizá compruebas continuamente cómo está esa parte del cuerpo. O dejas de hacer determinados movimientos por miedo a lesionarte. O te preocupa que el dolor vaya a empeorar si haces demasiado.

Estas respuestas tienen sentido: intentan protegerte.

El problema puede aparecer cuando esa protección empieza a ocupar cada vez más espacio y hace que reduzcas actividades, movimiento, relaciones o proyectos importantes para ti.

Comprender mejor lo que está ocurriendo no hace que el dolor desaparezca automáticamente. Pero puede ayudarte a relacionarte con él de otra manera y a dejar de interpretar cada sensación como una señal de peligro.

¿Y qué puedo hacer si el dolor sigue ahí?

Si las pruebas médicas no han encontrado una causa que explique completamente tu dolor, eso no significa que tengas que resignarte a vivir con él ni que no haya nada más que hacer.

En algunos casos será necesario seguir realizando una valoración médica o fisioterapéutica. Y, cuando el dolor persiste y empieza a condicionar la vida cotidiana, el trabajo psicológico puede formar parte de un abordaje integral.

En sesión podemos trabajar para entender mejor tu experiencia de dolor y cómo está afectando a tu día a día. También podemos observar qué has perdido en el camino de luchar contra tu dolor, qué lugar ocupa ahora el dolor en tu vida y qué te gustaría volver a recuperar o empezar a hacer.

El objetivo no es convencerte de que el dolor no existe.

Se trata de poder vivir de una manera menos condicionada por él, incluso cuando siga estando presente.

Si quieres conocer mejor este enfoque sobre el dolor persistente, puedes leer [Dolor crónico: Comprender el dolor para recuperar espacio en tu vida].

A veces, descubrir que el dolor no tiene por qué aparecer en una prueba para ser real puede cambiar la forma de entender lo que te está pasando.

Y comprenderlo mejor puede abrir otras posibilidades allí donde hasta ahora solo parecía haber una pregunta sin respuesta.

Referencias

Butler, D. S., & Moseley, G. L. (2010). Explicando el dolor. Noigroup Publications.

International Association for the Study of Pain. (2020). Definitions of chronic pain syndromes.

Kosek, E., et al. (2021). Chronic nociplastic pain affecting the musculoskeletal system: Clinical criteria and grading system. Pain, 162(11), 2629–2634.

Raja, S. N., et al. (2020). The revised International Association for the Study of Pain definition of pain: Concepts, challenges, and compromises. Pain, 161(9), 1976–1982.