¿Por qué puede persistir el dolor aunque una lesión haya cicatrizado?

¿Por qué puede persistir el dolor aunque una lesión haya cicatrizado?

Cuando nos hacemos daño, esperamos que el dolor desaparezca cuando la lesión se haya curado.

Y muchas veces ocurre así.

Pero no siempre. A veces, el dolor continúa aunque haya pasado el tiempo necesario para que los tejidos se recuperen. Esto puede resultar desconcertante, especialmente cuando las pruebas médicas indican que la lesión ya ha cicatrizado.

Entonces, ¿por qué sigue doliendo?

Para entenderlo, primero necesitamos saber algo importante: dolor y daño no son exactamente lo mismo.

El dolor no mide cuánto daño hay

Cuando sufrimos una lesión, nuestro organismo pone en marcha diferentes mecanismos de protección. El dolor puede ayudarnos a proteger la zona mientras se produce la recuperación.

Por ejemplo, si te haces un esguince de tobillo, es posible que caminar te duela. Ese dolor puede hacer que apoyes menos el pie y que protejas la zona mientras se recupera.

Pero el dolor no funciona como un medidor que indique exactamente cuánto daño existe en cada momento.

Podemos sentir mucho dolor con una lesión relativamente pequeña y, en otras ocasiones, tener una lesión importante y experimentar poco dolor.

Esto ocurre porque el dolor no depende únicamente de lo que está sucediendo en los tejidos. Es una experiencia producida por nuestro sistema nervioso en la que también influyen nuestras experiencias anteriores, lo que esperamos que ocurra, el contexto en el que nos encontramos o el nivel de amenaza que nuestro organismo percibe.

¿Qué puede ocurrir cuando la lesión ya ha cicatrizado?

Cuando una lesión se produce, nuestro sistema nervioso recibe información relacionada con el daño y pone en marcha una respuesta de protección.

A medida que los tejidos se recuperan, lo habitual es que esa necesidad de protección vaya disminuyendo y el dolor también.

Sin embargo, en algunas ocasiones el dolor puede mantenerse aunque la lesión inicial ya se haya recuperado.

Tu dolor sigue siendo real.

Lo que puede haber cambiado es la forma en que tu sistema nervioso está procesando la información relacionada con tu cuerpo.

Cuando el dolor lleva tiempo presente, el sistema nervioso puede volverse más sensible y responder con mayor facilidad ante determinadas señales. Algunas sensaciones o movimientos que antes no resultaban dolorosos pueden empezar a producir dolor, aunque no exista una nueva lesión.

Esto puede resultar difícil de entender. Y precisamente por eso, comprender cómo funciona el dolor puede ayudarte a interpretar de otra manera lo que está ocurriendo.

¿Y qué pasa con el miedo a volver a lesionarme?

Imagina que después de una lesión has empezado a asociar determinados movimientos con peligro porque anteriormente te provocaron mucho dolor.

Es comprensible que, cuando vuelvas a realizar ese movimiento, aparezca miedo o preocupación. Quizá empieces a moverte con más cuidado, a evitar determinadas actividades o a estar muy pendiente de cualquier sensación que aparezca.

Al principio, protegerte puede hacerte sentir más seguro.

Pero si esta protección se mantiene durante mucho tiempo, tu vida puede ir haciéndose cada vez más pequeña. Puedes dejar de hacer cosas que te gustan, reducir tu actividad o renunciar a planes por miedo a que el dolor vuelva o aumente.

Y así puede crearse un círculo en el que el miedo al dolor lleva a protegerte más, y esa protección termina ocupando cada vez más espacio.

Entonces, ¿significa que puedo hacer cualquier cosa aunque me duela?

No.

Comprender que dolor y daño no son lo mismo no significa ignorar el cuerpo ni asumir que cualquier dolor es seguro.

Si tienes un dolor nuevo, una lesión reciente o un cambio importante en tus síntomas, es importante contar con una valoración sanitaria adecuada.

Pero cuando existe un dolor persistente que ya ha sido valorado y no hay una nueva lesión que explique su mantenimiento, puede ser útil empezar a relacionarte con ese dolor de otra manera.

El objetivo no tiene por qué ser esperar a que desaparezca todo dolor antes de recuperar tu vida. Puede ser recuperar progresivamente movimiento y actividades, teniendo en cuenta tus circunstancias y contando con el acompañamiento de los profesionales sanitarios que necesites.

¿Qué tiene que ver la Psicología con todo esto?

Vivir con dolor durante mucho tiempo puede afectar a muchas áreas de tu vida.

Puede aparecer preocupación constante, miedo a que el dolor aumente, frustración, dificultades para dormir o la sensación de que cada vez puedes hacer menos cosas.

También es posible que hayas ido dejando de lado actividades, relaciones o proyectos que eran importantes para ti para evitar que el dolor aparezca o empeore.

En sesión podemos trabajar sobre esta relación con el dolor: comprender mejor lo que está ocurriendo, aprender nuevas formas de relacionarte con las sensaciones, pensamientos y emociones difíciles y recuperar progresivamente aquello que has ido dejando atrás.

Desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), no se trata de luchar contra cada sensación desagradable ni de esperar a que el dolor desaparezca para poder volver a acercarte a las cosas que son importantes para ti.

Se trata de aprender a relacionarte de otra manera con lo que estás experimentando, mientras vas recuperando espacio para aquellas actividades, relaciones y proyectos que quieres que formen parte de tu vida.

El dolor puede persistir, pero no tiene por qué ocuparlo todo

Que una lesión haya cicatrizado y el dolor continúe puede resultar difícil de entender. Pero conocer cómo funciona el dolor puede cambiar la manera en que interpretamos lo que nos está pasando.

Dolor y daño no son lo mismo.

Y comprenderlo puede ser un primer paso para dejar de interpretar cada sensación como una señal de peligro y empezar a recuperar espacio para aquello que es importante para ti.

Si llevas tiempo viviendo con dolor persistente y sientes que está condicionando tu vida, la intervención psicológica puede formar parte de un abordaje integral junto con otros profesionales sanitarios cuando sea necesario.

Butler, D. S., & Moseley, G. L. (2010). Explicando el dolor. Noigroup Publications.

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