No eres tu problema: cuando la ansiedad y otros problemas psicológicos parecen definir quién eres

No eres tu problema: cuando la ansiedad y otros problemas psicológicos parecen definir quién eres

“Soy ansioso”
“Soy una persona con depresión”
“Soy insegura” “No valgo”

Puede que te hayas dicho alguna de estas frases, o incluso que las hayas escuchado en boca de otros hablando de ti. Cuando el malestar se alarga en el tiempo, es fácil que deje de ser “algo que me pasa” y se convierta en “lo que soy”.

En cierto modo, tiene su lógica: lo que sientes y piensas está contigo cada día, condiciona tus decisiones, tus relaciones, tu rendimiento en el trabajo o en los estudios. Es normal que acabe ocupando mucho espacio en tu vida.

El problema aparece cuando esa parte de tu experiencia empieza a ocupar todo el lugar, hasta el punto de que te miras a ti mismo casi exclusivamente desde ahí. Como si tú fueras solo “tu ansiedad”, o solo “tu tristeza”, o solo “tu inseguridad”.

Una parte de tu historia, no toda tu persona

Si miramos tu vida como una historia, no hay un solo capítulo. Hay muchos:
momentos duros, momentos de calma, decisiones valientes, relaciones significativas, errores, aciertos, aprendizajes…

En terapia veo algo muy frecuente: un capítulo doloroso (una ruptura, un fracaso, un diagnóstico, una etapa de ansiedad intensa, un duelo) se convierte en el capítulo principal. Es tan dominante que hace sombra a otros momentos que también forman parte de quién eres, situaciones en las que sí pudiste sostenerte, aunque fuera difícil, relaciones donde te sentiste valioso o querido, decisiones en las que actuaste con más valentía de la que pensabas tener, intereses, deseos, valores que siguen ahí aunque ahora casi no los veas.

Cuando todo se mezcla y se resume en una sola etiqueta (“soy X”), perdemos algo fundamental: la capacidad de poner cada cosa en su contexto, verla en proporción, entender que:

Esto me pasó.
Esto lo siento.
Esto lo pienso.

Pero no soy únicamente esto.

En la forma de trabajo que utilizo en consulta, esta diferencia es central: distinguir entre lo que experimento (pensamientos, emociones, recuerdos, etiquetas) y el “yo” que puede observar y relacionarse con todo eso. No se trata solo de hablar de ello, no se trata solo de palabras; se trata de aprender a experimentar esa diferencia de una manera más amplia, más inclusiva, menos reducida.

Cuando las etiquetas se pegan a la piel

Vivimos en una sociedad donde casi todo se convierte en “problema” y se etiqueta muy rápido. Las cosas, a base de repetirlas — en redes sociales, artículos de divulgación, conversaciones cotidianas, o incluso, en servicios de salud—, alcanzan la categoría de verdad. Esto hace que las personas «se lo crean», y creérselo es un pensamiento, son reglas que controlan nuestros actos, y respondemos en función de eso.

Las etiquetas pueden tener una parte útil: a veces dan nombre a algo que nos estaba ocurriendo y no entendíamos. Que alguien diga “esto que te pasa se parece mucho a un cuadro de ansiedad” puede ser un alivio inicial.

El riesgo está en que, si no tenemos cuidado, esa etiqueta se acumula con otras y terminamos saliendo de ciertos espacios (consultas, webs, conversaciones) con más “problemas” de los que teníamos al entrar: el que traíamos y otros añadidos que parecen explicar lo que sentimos.

Si eso que te dicen tiene sentido para ti, es fácil integrarlo como una verdad bastante absoluta sobre quién eres. Como decíamos, esas “verdades” no son neutras: se convierten en reglas que empiezan a organizar tu vida:

  • “Como tengo ansiedad, no podré…”
  • “Con este problema, siempre acabaré…”
  • “Con mi historia, lo normal es que…”

Sin darnos cuenta, podemos terminar haciendo una vida que no queremos, pero que es coherente con esas reglas y con esa forma de entendernos. Tiene sentido… pero no nos hace bien.

Una mirada funcional: más allá del “qué”, hacia el “para qué”

En mi forma de trabajar, no me quedo solo en el “qué te pasa” (ansiedad, tristeza, bloqueo…). Me interesa especialmente cómo funciona lo que haces en tu vida aquí y ahora.

No se trata de juzgar, sino de entender con bastante precisión:

  • ¿Qué intentas proteger cuando te escapas, te bloqueas o te hundes?
  • ¿En qué te ayuda, y a la vez qué te complica, esa manera de responder?
  • ¿Qué historias sobre ti están guiando tus decisiones, sin que lo veas del todo?

A partir de ahí, algo importante ocurre muy a menudo en sesión: vemos que, dadas tus vivencias, tus respuestas tienen sentido. No estás defectuoso; estás respondiendo como probablemente respondería cualquier ser humano en circunstancias similares. Y esto último, no es un consuelo vacío: es reconocer que lo que haces lo aprendiste. Y que, igual que aprendiste a relacionarte contigo y con el mundo de esa manera, tienes capacidad para aprender otras formas nuevas.

Desde esta perspectiva, un problema psicológico no es simplemente “tener ansiedad” o “tener X etiqueta”, sino estar viviendo atrapado en un patrón de respuesta que:

  • tiene consecuencias coherentes (te protege de algo, te evita sentir algo muy duro),
  • pero te aleja de la vida que realmente querrías estar viviendo.

Cómo trabajo esto en terapia: presente y movimiento

Cuando trabajamos juntos en consulta, no vamos reconstruyendo tu historia como si se tratara de una investigación sobre el pasado. Miramos tu historia en la medida en que nos ayuda a entender algo: que tus patrones actuales tienen lógica.

Lo esencial ocurre en el presente: con lo que te pasa hoy, con las decisiones que estás tomando ahora, con los espacios de tu vida donde notas que estás bloqueado o alejado de lo que te importa.

Tres ejes guían mi forma de trabajar:

Validar tu historia sin quedarnos atrapados en ella
Desde este enfoque trabajamos en el presente, usamos tu pasado para reconocer que tus respuestas son comprensibles, no para etiquetarte más ni para quedarnos ahí. Que algo tenga sentido no significa que sea la única forma posible de vivir. Tu historia muestra que eres una persona capaz de aprender; y esa es una buena noticia, porque sobre esa capacidad se construye el cambio.

Trabajar desde el presente: “esto me pasa” vs “esto soy”
En sesión practicamos una forma distinta de relacionarte con tus pensamientos, emociones y etiquetas: no los negamos, no los combatimos, sino que los reconocemos como experiencias que te ocurren, sin que tengan que definirte por completo. Esa diferencia —“esto me pasa” frente a “esto soy”— abre un espacio para elegir respuestas distintas.

Moverte hacia una vida valiosa
Más allá de reducir síntomas, el foco está en clarificar:

  • qué tipo de persona quieres ser en tus relaciones
  • qué tipo de vida quieres construir, paso a paso
  • qué acciones concretas, aunque pequeñas y a veces incómodas, apuntan hacia ahí

A veces no tenemos claro el destino, pero sí sabemos bastante bien dónde no queremos seguir estando. Esa información ya es valiosa. Todo lo que no sea seguir caminando hacia esa vida que no quieres, es moverse.

La clave está en que ese movimiento no sea simplemente “alejarse del dolor”, sino acercarse a algo que de verdad importa. Aunque la ansiedad o el malestar sigan estando presentes de vez en cuando.

No se trata de borrar tu historia ni de eliminar tus episodios difíciles —no podemos hacer como si no hubieran ocurrido, eso es imposible—, sino de dejar de vivir como si fueras solo esos episodios y empezar a avanzar con ellos a cuestas, pero al servicio de una vida que tenga más sentido para ti.

Si sientes que tu problema te está definiendo

Si te reconoces en alguna de estas ideas:

  • sientes que tu problema ha pasado a ser casi tu identidad
  • vives muy pendiente de etiquetas o diagnósticos que te pesan
  • notas que tu vida es “coherente” con tu historia, pero no es la vida que quieres

la terapia puede ser un espacio para:

  • explorar con cuidado la función de lo que haces hoy
  • colocar tu historia en su contexto, sin negarla y sin dejar que lo ocupe todo
  • y aprender habilidades para empezar a construir, desde donde estás, un repertorio nuevo de respuestas más alineadas con tus valores.

No se trata de que cambies de forma radical de un día para otro, ni de que dejes de sentir lo que sientes. Se trata de que puedas decirte, con sinceridad:

“Esto forma parte de mi historia… pero yo soy más que todo esto.
Y puedo empezar a moverme hacia la vida que quiero, incluso llevando conmigo lo que he vivido.”

Si te ves reflejado en lo que describo y crees que te puedo ayudar, puedes ponerte en contacto conmigo. Estaré encantada de explorar contigo qué está pasando y cómo empezar a moverte hacia la vida que quieres. Entrenaremos estas habilidades de las que he hablado para que puedas vivir de una forma más alineada con aquello que es importante para ti. 🤍