Dolor crónico y miedo al movimiento

Dolor crónico y miedo al movimiento

Cuando algo duele, es natural protegerse.

Si un movimiento provoca dolor, quizá empiezas a hacerlo con más cuidado. Si una actividad hace que el dolor aumente, puede que decidas evitarla durante un tiempo.

En principio, tiene sentido. Nuestro cuerpo intenta protegernos de aquello que percibe como una amenaza.

El problema puede aparecer cuando el miedo al dolor empieza a limitar cada vez más lo que haces.

¿Por qué podemos llegar a tener miedo de movernos?

Cuando llevas tiempo viviendo con dolor, es fácil empezar a relacionar determinados movimientos con peligro.

Quizá piensas:

«Si me muevo así, me voy a hacer daño».

«Será mejor que no fuerce».

«Como vuelva a dolerme, tendré que parar».

Y poco a poco puedes empezar a evitar movimientos, actividades o situaciones que antes formaban parte de tu vida.

Esto puede ocurrir incluso cuando no existe una lesión que justifique que ese movimiento sea peligroso.

El dolor que aparece al moverte es real, pero no siempre significa que estés dañando tu cuerpo.

Cuando evitar empieza a ocupar demasiado espacio

Evitar algo que tememos suele producir alivio a corto plazo.

Si tienes miedo de que caminar aumente el dolor y decides no hacerlo, probablemente sientas cierta tranquilidad en ese momento. Pero si cada vez son más las cosas que evitas por miedo al dolor, tu vida puede ir haciéndose poco a poco más pequeña.

Dejas de salir, haces menos ejercicio, renuncias a determinadas actividades o empiezas a organizar tu día alrededor de lo que crees que tu cuerpo puede soportar.

Y entonces puede aparecer una situación difícil:

cuanto más evito moverme, más miedo puede darme volver a hacerlo.

Además, cuando reducimos mucho nuestra actividad, nuestro cuerpo puede perder capacidad para hacer determinadas cosas. Eso no significa que esté dañado, sino que puede necesitar un proceso progresivo de recuperación.

¿Tengo que moverme aunque me duela?

No se trata de ignorar el dolor ni de obligarte a hacer algo para lo que todavía no estás preparado.

Se trata de aprender a diferenciar entre dolor y daño, y recuperar movimiento de forma progresiva y adaptada a ti. Si tienes dudas sobre una lesión o sobre qué movimientos son adecuados, puede ser útil consultar con tu médico o fisioterapeuta.

Volver a moverte sin que el miedo decida por ti

A veces, recuperar movimiento no consiste en esperar a que desaparezca el miedo, sino en aprender a hacerle espacio mientras vuelves poco a poco a aquello que importa.

Y quizá la pregunta más útil no sea:

«¿Cuánto dolor tengo?»

sino:

«¿Qué me gustaría volver a hacer aunque el dolor siga formando parte de mi vida?»

Salir a caminar, hacer ejercicio, viajar, trabajar, jugar con tus hijos o simplemente sentir que vuelves a tener más libertad para organizar tu día.

El objetivo no es que el dolor desaparezca a cualquier precio.

Es que no tenga que decidir por ti cómo quieres vivir.

Si sientes que el miedo al dolor está haciendo que tu vida sea cada vez más pequeña, podemos trabajar en ello en sesión: comprender qué está ocurriendo, recuperar poco a poco aquello que has ido dejando de hacer y aprender a relacionarte de otra manera con el dolor y con el miedo que lo acompaña.

Si quieres conocer mejor mi forma de trabajar con el dolor persistente, puedes leer [Dolor crónico: Comprender el dolor para recuperar espacio en tu vida].

Referencias

Butler, D. S., & Moseley, G. L. (2010). Explicando el dolor. Noigroup Publications. Traducción de Rafael Torres Cueco. 

Leeuw, M., et al. (2007). The fear-avoidance model of musculoskeletal pain: Current state of scientific evidence.Journal of Behavioral Medicine, 30(1), 77–94.

Raja, S. N., et al. (2020). The revised International Association for the Study of Pain definition of pain: Concepts, challenges, and compromises. Pain, 161(9), 1976–1982.

Treede, R.-D., et al. (2019). Chronic pain as a symptom or a disease: The IASP Classification of Chronic Pain for the International Classification of Diseases (ICD-11). Pain, 160(1), 19–27.

Vlaeyen, J. W. S., & Linton, S. J. (2000). Fear-avoidance and its consequences in chronic musculoskeletal pain: A state of the art. Pain, 85(3), 317–332.